Secundario y cosas sin decir

Y en algún momento me iba a caer la ficha. Si, termine el secundario. Toda esa etapa larguísima, casi interminable, formadora de tantas memorias y recuerdos culminó. Ya no queda nada por hacer, no hay promo, no hay colegio, no hay compañera de banco. Y no hay un día, un puto día en el que no piense en eso, inevitablemente.
Claro está que las heridas no se pueden saltear, esquivar. Hay que afrontarlas. Todo este último año fue muy duro para mi, y terminó de una manera que quizás no esperaba, no quería. Hoy la mitad de las personas con quiénes pase mis últimos tres años de colegio ya no me hablan, ni yo a ellas, lo que es más, ni siquiera nos saludamos si en alguna ocasión nos vemos. Miles de veces dije, pero a mi que carajo me importan esas personas??? No se parecen a mi en nada, no son compatibles conmigo, y muchas veces hasta no me sentía identificada con el grupo. Pero ese sentimiento guardadito ahí siempre está. Esa angustia chiquitita que cuando le doy una ínfima atención se va agrandando hasta conseguir que me sienta mal. Porque es obvio que los recuerdos no se olvidan, las personas bien o mal te marcan y las realidades cambian de un día para el otro y no te dejan siquiera adaptarte, y lo peor de todo es sentir que a vos solamente te cuesta, que a vos solamente te afecta, que nadie más lo percibe.
Solo quería, si por alguna puta casualidad, no casualidad, o lo que fuera que sea en este mundo tan loco, estan viendo esto aquellas personas sobre las que estoy hablando, sepan que todos los días pienso en ustedes, que no me olvido de los momentos que pasamos. Esas rondas de amigas donde nos peleabamos prácticamente por quién contaba primero TODO lo que había pasado la noche anterior, esas crisis que había con frecuencia de alguna, donde absolutamente todas la escuchábamos y la calmabamos, esos chistes internos, esa locura que nos agarraba a todas por alguna pelotudez. Todo. A veces mi memoria bloquea esos momentos solo para protegerme, para no ponerme triste por saber que no se van a repetir jamás, pero hoy, escribiendo esto, salieron a flote.
 Gracias, por hacerme sentir cómoda tantas veces, por mostrarme sus vidas, sus pensamientos, por hacerme parte de ese grupo, tan distinto, tan loco, pero muchas veces tan perfecto. Gracias por mostrarme que una gran amistad se puede construir entre personas tan infinitamente diferentes. Gracias por preocuparse por mi y por quererme, a pesar de muchas veces no entendernos mutuamente.
Lamento en serio, que todos estos años hayan terminado así, quizás de la peor manera. También quiero pedirles perdon, por nunca haber hecho nada para cambiar este final tan nefasto, por dejar que mi orgullo se interponga de una manera tan terminante. Si supieran las veces que estuve a punto de ir a hablar, de saber que carajo hizo que todo terminara tan para el orto. También quisiera pedirles perdon, si en algún momento, tratando de ocultar que me sentía tan mal, las insulte con frialdad, a ustedes mismas o a sus espaldas.
Más allá de todo, estos años que pasamos juntas no se van a ir de mi mente, creo que nunca. Y sepan que la amistad y el afecto que les tuve siempre fue verdadero, aunque espero que ya tengan eso en claro.

Simplemente las personas te marcan. Espero haber marcado algo en sus vidas también como ustedes lo hicieron en la mía.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Extrañar.

De novatos y veteranos en la vida

Nueva yo